lunes, 24 de enero de 2011

SOBRE EL DOLOR

Aunque las connotaciones asociadas al dolor sean negativas, lo cierto es que resulta ser un útil mecanismo de adaptación que aumenta la supervivencia: nos proporciona una valiosa información, avisándonos de que hay algo en nuestro organismo que no funciona bien. De hecho, cuando este sistema de alarma falla y no se perciben estos estímulos, quedamos expuestos a aquello que no está funcionando adecuadamente o se ha dañado, pueda empeorar.
Las personas que tienen algunas enfermedades neurológicas en las que no es posible percibir esta desagradable sensación que es el dolor, lo saben bien: por ejemplo, los diabéticos que sufren complicaciones neuropáticas. Algo tan simple como una piedrecita en el interior del zapato (que no llegan a notar) puede producirles una herida que luego no será sencillo que cicatrice.
Así que, después de todo, el dolor es útil para averiguar qué comienza a funcionar mal en nuestro cuerpo y poder ponerle remedio a tiempo.

No ocurre lo mismo con el dolor crónico. Algunas enfermedades conllevan un dolor casi constante con el que es difícil convivir. Además, ya no cumple su función principal, ya que la información que ha de dar, ya se tiene, y en su lugar resulta desagradable, destructivo e incapacitador.
En este tipo de dolor más complejo, en ocasiones se mezcla con otros problemas, y en otras, los produce: ansiedad, estrés, depresión, trastornos del sueño, alteraciones del estado de ánimo, etc.
Todos estos problemas inciden en el curso del dolor, ya que pueden alterar los sistemas internos que controlan su percepción, con lo que también resulta más dificil manejarlo, y afrontan de diferente forma el componente emocional, uno de los 3 que lo forman (los otros dos son el sensitivo y el cognitivo). Acaban creando un círculo vicioso del que es complicado salir: a más dolor, más alteraciones, y entonces, más dolor: se altera el umbral de tolerancia y lo que antes no resultaba doloroso, ahora puede serlo.

En este punto es donde la Reflexología es una técnica de primera elección. Mediante el trabajo en los puntos reflejos del sistema nervioso y otros, en función de las necesidades de cada individuo, se reducen tanto el estrés como la ansiedad, se mejora el sueño y aumenta la tolerancia al dolor, comenzando a notar los efectos desde la primera sesión.
Con la presión sistemática que se hace en la red de puntos reflejos adecuada se produce un "reseteo" que afecta a todo el organismo y que libera los niveles de tensión y el dolor, mejora la circulación sanguínea y creando una mejor comunicación dentro del sistema nervioso.

Marina Latorre Ros
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viernes, 7 de enero de 2011

SINDROME DEL CUIDADOR

Cada vez es más frecuente encontrar una persona que se ocupa de un enfermo dependiente (crónico o grave). Diversas enfermedades neurológicas  como accidentes cerebro vasculares, esclerosis múltiple, alzheimer y otras demencias; enfermedades repiratorias como EPOC; discapacitados; trastornos afectivos graves: algunos tipos de depresión o trastornos bipolares, enfermedades psiquiátricas, cáncer, y otras muchas requieren la atención continuada de otra persona.
El cuidador principal, que suele ser una mujer entre 50 y 65 años y familiar del enfermo, sufre por regla general un importante desgaste que afecta a todas las áreas de su vida:
  • Salud física: cansancio, dolores musculares y articulares, cefaleas, anorexia, etc.
  • Salud psíquica: ansiedad, depresión, estrés, dificultades para dormir, sentimientos como culpablidad, impotencia, irritabilidad, disminución de la autoestima, fracaso, frustración, y otras.
  • Ambito social: Aislamiento, soledad, reducción o pérdida del tiempo libre
  • En el área laboral: desinterés por el trabajo, absentismo laboral, bajo rendimiento...
Debido a la gran carga física y psíquica que el cuidador contrae, ya que se responsabiliza de la vida del enfermo, ocupándose de su alimentación, cuidados, higiene, medicación, etc. pierde poco a poco su independencia y acaba desatendiéndose a sí mismo, e incluso paraliza su proyecto vital durante años.
Las demandas llegan a ser excesivas y su capacidad de cubrirlas, cada vez más limitadas ya que el enfermo necesita paulatinamente más cuidados y el cuidador, más y más agotado, desequilibrado y superado por la situación.

Ante ésto, existen algunas claves que pueden ser útiles para poner y práctica y mejorar al cuidador. No hay que perder de vista que ello redundará en beneficio para el propio enfermo:
  • Hacer partícipe al resto de los familiares de la situación existente y los cambios que se suceden, así como del propio malestar del cuidador. Implicar a otros miembros o solicitar ayuda externa.
  • Planificar con toda la antelación posible el futuro del enfermo y el de la propia familia.
  • Contactar con alguna asociación, ya que ofrecen actividades interesantes como: cursos de formación para el cuidado adecuado del enfermo, ayuda psicológica para aprender a sobrellevar el problema, grupos de autoayuda, voluntariado que alivie en cierta medida su sobrecarga, y otros medios disponibles.
  • PREOCUPARSE DE UNO MISMO. Muchos cuidadores creen erróneamente que cuidarse a sí mismos es un lujo que no pueden permitirse, ya que eso implica una "traición" hacia el enfermo o un deterioro en sus cuidados. La realidad es bien distinta: para cuidar a otro se debe estar en las mejores condiciones posibles, y para conseguirlo, es básico que el cuidador:
    • Preste atención a su salud, haciéndose los controles médicos pertinentes, no abusar de los medicamentos ni tomarlos sin el control adecuado. Por otra parte, conviene que sepa que las terapias naturales pueden servirle de ayuda.
    • Mantenga unos hábitos de vida saludables: descanse lo necesario, aliméntese equilibradamente y haga un poco de ejercicio, aunque sea caminar diariamente al menos 30 minutos.
    • Aprenda a gestionar sus emociones, aumentar su autoestima si flaquea y delegar algunas funciones en otros cuidadores. Las flores de Bach son una útil herramienta dentro de este apartado.
    • Busque un tiempo para su propio disfrute, en el que pueda hacer actividades que le resulten placenteras (usted también tiene derecho), como mantener las amistades, cultivas aficiones, recibir un masaje, ir a cine o simplemente, relajarse. Un cuidador auxiliar o un familiar puede ocuparse del enfermo unas horas a la semana. Recuerde que relajarse no es un capricho. Aprenda a solicitar y a aceptar ayuda. Al menos unas vacaciones al año son necesarias para desconectar del problema y volver con energía renovada.
La Reflexología es una terapia que puede ayudar en gran medida a quien sufre este gran desgaste:
- Reduce el estrés
- Induce a la relajación
- Equilibra al organismo
- Mejora el sueño
- Alivia las contracturas musculares y el dolor en general
- Le ayudará a enfocar la situación con más claridad y aplomo.

Sin duda, la Reflexología mejorará su calidad de vida (y con ello, la de su enfermo)

Marina Latorre Ros
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