jueves, 11 de noviembre de 2010

Reflexología que relaja

Hoy Lidia (no es su nombre real) ha venido nerviosa a la consulta. Los días anteriores no se encontraba bien, incluso tuvo que anular nuestra última cita debido al malestar que tenía.
Después de acomodarse en la camilla, por fin comienza a soltar parte de su nerviosismo. Sabe que durante el tiempo que ocupa la sesión de Reflexología (unos 50 minutos aproximadamente) puede soltar la tensión que atenaza su cuello y su estómago. Hace días que esperaba sentir esta calma...

Las primeras respiraciones profundas comienzan a hacer su efecto: sus ojos se cierran, los músculos de piernas y brazos se sueltan, el diafragma trabaja a fondo para permitir que el aire llene sus espacios, se suavizan las facciones de su cara y mientras, mi manos se deslizan, masajean, abrazan sus pies.

El trabajo con reflexología empieza a surgir: presiones, percepción, equilibrio, movimientos relajantes, y mientras Lidia entra en una profunda relajación a medida que pasan los minutos: la suave música y el tenue olor a incienso ponen su granito de paz para que eso suceda.

La sesión avanza y también la musculatura de sus pies ha abandonado la tensión que traían, así que es sencillo y gratificante trabajar esos cálidos pies.
Después de que todos sus puntos reflejos reactivos hayan sido estimulados en su justa medida, llegamos al final de la sesión.

Cuando después de unos minutos se levanta, la cara de Lidia está visiblemente relajada.
Según me hace saber, ha desconectado su mente por completo, y se siente renovada. Con un abrazo nos despedimos hasta dentro de unos días.
Las dos compartimos una clara sonrisa. Así es la reflexología.

Gracias, Lidia.

Marina Latorre Ros
www.tiemponatural.com
www.facebook.com/Tiemponatural

No hay comentarios:

Publicar un comentario